En un mundo marcado por desafíos globales como la desigualdad y el cambio climático, la inversión de impacto emerge como una poderosa herramienta para transformar realidades.
Este enfoque combina rentabilidad económica con un impacto social y ambiental medible, liderando un cambio positivo.
España, a través del Fondo de Impacto Social (FIS), se posiciona como un referente audaz en esta materia.
Exploramos cómo las inversiones con conciencia están redefiniendo el liderazgo global, ofreciendo inspiración y soluciones prácticas.
El Fondo de Impacto Social (FIS) de España es un ejemplo destacado de innovación financiera.
Lanzado hace un año y gestionado por COFIDES, cuenta con una dotación inicial de 400 millones de euros del Plan de Recuperación.
Para 2025, se proyecta una inversión total de 255 millones de euros, destinando 40 millones a proyectos de vivienda para personas vulnerables.
Este fondo ha cerrado 13 operaciones por 155 millones de euros, apoyando diversos retos sociales.
Un caso emblemático es el préstamo a tuTECHÔ, que beneficiará a más de 2.000 personas en situación de sinhogarismo.
España se consolida como el cuarto país del mundo y segundo de la UE en iniciativas de impacto social, gracias a este instrumento único.
La inversión de impacto está en auge, con activos globales que superaron 1,1 billones de dólares en 2022.
Se diferencia de los criterios ESG por su enfoque activo en generar cambio positivo, como la inclusión financiera o la igualdad de género.
Para 2025, se anticipan varias tendencias clave que moldearán el sector.
En Europa, la inversión de impacto representa solo el 2,5% de los activos totales, pero el 17% de los inversores prioriza el impacto medible.
Los sectores en alza incluyen la tecnología climática, con un crecimiento proyectado del 25%, y las energías renovables, con un 20%.
La colaboración público-privada es fundamental para catalizar capital y reducir riesgos.
España demuestra un liderazgo ejemplar a través del FIS, destacado por figuras clave en el gobierno.
La ministra Elma Saiz enfatiza que este fondo es un catalizador para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Combate desigualdades en áreas como la pobreza, el hambre y la vivienda, en un contexto de retrocesos globales.
El ministro Carlos Cuerpo subraya que sin el sector privado, los ODS son inalcanzables.
El FIS se presenta como una práctica exitosa que posiciona a España en un liderazgo audaz e innovador.
Elena Rodríguez, Secretaria General de Inclusión, aboga por un compromiso colectivo para sumar al sector privado en los ODS.
Carlos Ballesteros de la Universidad Pontificia Comillas-ICADE destaca la necesidad de capital paciente y alineamiento local.
Este enfoque convierte la economía de impacto en un motor de resiliencia para el futuro.
Medir el impacto es crucial para garantizar la eficacia de las inversiones sociales.
El Índice de Progreso Social Global AlTi 2025 mide 57 impulsores en 170 países, orientando el capital privado hacia desafíos globales.
Incluye métricas sobre equidad, trabajo digno y sostenibilidad ambiental, mejorando las decisiones con datos transparentes.
La Auditoría Social 2025 en la Economía Social y Solidaria se enfoca en aspectos clave.
Sin embargo, persisten retos como flujos insuficientes para los ODS y la necesidad de mejores garantías financieras.
Informes adicionales, como el de Creas sobre impacto regenerativo, refuerzan la importancia de la medición continua.
Esto asegura que las inversiones generen un impacto tangible y duradero en comunidades vulnerables.
El liderazgo en inversión de impacto requiere abordar temas críticos y superar limitaciones persistentes.
Los ODS alineados incluyen la pobreza, la salud, la educación y la acción climática, guiando las prioridades de inversión.
Los instrumentos financieros son diversos y adaptados a cada necesidad.
Las prioridades para 2025 se centran en áreas clave con proyecciones específicas.
Las oportunidades son vastas, especialmente al movilizar capital privado a través de mecanismos públicos como el FIS.
Esto reduce percepciones de riesgo y fomenta la transparencia en los resultados.
No obstante, existen limitaciones significativas que deben superarse.
Para avanzar, es esencial fomentar la inversión local y desarrollar capacidades en comunidades.
El liderazgo con conciencia global implica un compromiso firme con la innovación y la inclusión.
Al unir esfuerzos, podemos convertir la economía de impacto en una fuerza transformadora para un futuro más justo y sostenible.
Referencias