La inteligencia artificial (IA) no es ya un experimento en el sector financiero; se ha convertido en un pilar esencial que redefine la forma en que gestionamos, invertimos y regulamos el dinero.
Entender cómo desplegar estas tecnologías con ética es clave para garantizar un futuro en el que las finanzas sean más justas, seguras y sostenibles.
Hoy, la IA funciona como infraestructura básica del sistema financiero, potenciando procesos desde el scoring crediticio hasta la supervisión macroprudencial. Plataformas de pago avanzadas reconocen al comprador en el 90 % de los casos, incluso en su primera transacción, combinando datos de dispositivo, comportamiento y contexto.
En 2023, Visa evitó 40.000 millones de dólares en fraude a nivel mundial gracias a algoritmos capaces de identificar patrones atípicos en tiempo real. Al mismo tiempo, entidades financieras centralizadas y descentralizadas utilizan modelos predictivos para optimizar carteras, fijar precios en seguros y mejorar la experiencia del cliente.
La Unión Europea avanza con el AI Act, que establece obligaciones de transparencia y evaluación de riesgos. En España, la AEPD y la CNMV publican guías sobre el uso responsable de algoritmos. A nivel de seguros, la DGSFP exige principios de equidad y gobernanza en modelos de fijación de primas.
Organismos internacionales como el Banco de Pagos Internacionales y el Comité de Basilea destacan la necesidad de transparencia y rendición de cuentas para supervisar eficazmente las aplicaciones de IA en la banca y mercados.
Para materializar una IA ética, conviene integrar principios clave en cada fase de desarrollo y despliegue:
• Equidad: eliminar sesgos en datos y algoritmos.
• Transparencia: documentar y explicar decisiones automatizadas.
• Rendición de cuentas: definir roles y responsabilidades.
• Seguridad: probar robustez frente a ataques y manipulaciones.
• Derechos de privacidad: proteger la información sensible de los usuarios.
Fomentar una cultura de «IA responsable» implica formación continua, auditorías periódicas y colaboración abierta entre entidades financieras, tecnológicas y reguladores.
Visa evitó 40.000 millones de dólares en fraude en 2023. El Proyecto Aurora del BIS demostró que redes neuronales superan a métodos tradicionales en detección de lavado de dinero. Amundi, con 2,1 billones de USD bajo gestión, personaliza carteras para más de 100 millones de clientes. El BCE monitoriza precios de webs de 10 millones de entidades para un seguimiento en tiempo real de la inflación.
Sin embargo, en España menos del 20 % de las empresas dispone de un plan de IA explícitamente ético y transparente, mientras el 67 % planea aumentar la inversión en 2025, revelando una brecha entre adopción tecnológica y gobernanza.
El compromiso conjunto de todos los actores garantizará que la IA en finanzas no solo sea potente, sino también justa, segura y alineada con los valores de la sociedad. Estamos construyendo el futuro: hagámoslo responsable.
Referencias